21/12/11

Armenia se hunde

Hace algunos años partí de Armenia y me fui para la Capital (eso me recuerda un bolero de Olimpo Cárdenas) a buscar un nuevo espacio de crecimiento profesional y personal. Entonces me convertí primero en un visitante continuo y luego, con el pasar del tiempo, un turista semestral que busca cambiar el ambiente bogotano por el aire fresco de mi tierra.

Me encuentro con mi familia, con mis amigos con los que comparto un trago. Camino las calles y me siento en un pequeño café a leer un libro y tomarme un tinto de finca. Me contagio de ese deje apaisado que he ido perdiendo al escuchar los diversos acentos que inundan a Bogotá. Dejo que la gente de esta tierra me atienda con esa amabilidad que los caracteriza y me agrada saludar conocidos que aun me recuerdan.

Sin embargo mis últimas visitas al Paraíso de América no han sido agradables. Camino por la carrera 14 entre calles 20 y 21 y me encuentro con una triste situación social. Mucha gente en la calle, campesinos tal vez, pero de seguro muchos desempleados que esperan a que termine el día tal como empezó. Se entretienen viendo a otro anciano desempleado que baila al son de la música tropical antioqueña y recoge algunas monedas para él y sus acompañantes musicales, le dicen Ratón. Veo mas personas y rostros jóvenes que piden una limosna en cualquier parte de la ciudad, rostros que no reconozco, como si fueran importados de pueblos aledaños. Le comenté a un amigo sobre lo que estaba viendo y me dijo que no era así, lo que pasa es que como Armenia es pequeña uno tiene la sensación de que hay mas gente en esas condiciones. Es decir, según él, la cantidad de pobres que piden una limosna depende de los metros cuadrados de una ciudad. Es un fenómeno natural.

Pero esto no es lo único que he visto, los espacios culturales en Armenia son pocos y aquellos gallardos que logran construir escenarios de este orden, no encuentran apoyo en la ciudanía, es decir, a la gente de Armenia le importa poco la cultura. !Ah!, recuerdo mi infancia yendo a cine, al extinto teatro Yanuba (ahora se levanta allí un edificio que seguramente se llamará así, Yanuba, como el centro comercial Yuldana, para que quede un recuerdo fugaz), y viendo películas como Los Sueños de Kurosawa, o The Commitments, una película irlandesa que mostró el cine club El Mohan, siendo mi padre parte activa de ese escenario en sus inicios.

No es porque viva en Bogotá, es porque veo que la apuesta cultural y social en Armenia es poca, o eso es lo que veo, y en vez de sentir una ciudad en proceso de evolución, lo que se refleja es una triste y despiadada involución que corroe las calles de la carrera 14, como si fuera una fiel copia de lo que ocurre en la zona del CAM. Esto es un tema público y por lo tanto los gobernantes deben actuar en consecuencia y no permitir que Armenia se siga hundiendo en pobreza e incultura.NO MAS CASINOS.

1 comentario:

Carlos dijo...

mi querido amigo de infancia ... la evolución se da pero habrá muchos ensayos infructuosos ....
así como lo pintas parece que a nadie le interesa algo más que ir de paseo al centro comercial...
yo creo que habría que buscar más profundo .... en esos lugares como el cineclub que con seguridad los que salimos hace años de la casa no conocemos...
siempre queda un reducto de seres si puede decirse ... un poco más evolucionados ... eso si ... jajaja ...todos muy lejos de ser ascendidos....